Archivo de la categoría: Memoranda

Arrástrame al infierno

Escucha música mientras lees: Christopher Young – Arrástrame al infierno (2009)

Confieso que, pese a mi aficción cinéfila, el género del terror no está incluído de ella. Más que nada, porque -salvo excepciones-, lo considero muerto desde tiempo atrás al igual que el western. Quienes a este sector del cine se dedican hoy, ya no saben estremecernos cuando nos sentamos en la butaca o empuñamos el mando. Sólo saben asquearnos, confundiendo terror con violencia y sadismo. Por eso, no sé que placer se siente con basuras de éxito como Viernes 13,  La matanza de Texas o Sé lo que hicísteis el último verano.

Arrástrame al infierno (Drag me to hell, 2009)

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Rescatando a Ventura Aguilar

venturaaguilar_cantosdeuncanarioGuardo entre mis tesoros un raro ejemplar de los Cantos de un canario : colección de poesías, del novecentista grancanario Ventura Aguilar, editado en Madrid en 1854.  Su producción literaria guarda algunas semejanzas con otros poetas como Roque Morera e incluso Domingo Rivero, en el sentido de que, pese a su escasa producción, alcanzaron reconocimiento.

Sin embargo y en estos Cantos, destacó su glosa del más trágico acontecimiento vivido en Gran Canaria tras su conquista: la epidemia de cólera morbo sucedida en 1851 y que devastó gran parte de su población y en particular la de su capital, destruyó la economía local y aisló a la Isla de cualquier humano socorro por decisión de las autoridades de Tenerife.

Esta tragedia nuestra sólo puede comparársele a la peste negra que en el medievo asoló Europa y Asia. Tal fue su impacto en Gran Canaria, donde falleció el 20% de toda la población de su capital que, según el detallado estudio del Dr. Juan Bosch Millares en su Historia de la Medicina en Gran Canaria,

se pensó que el único remedio era abandonar la ciudad y darle fuego para sofocar el poder mortífero del cólera

Ventura Aguilar, coetáneo de todo ello, narró de forma desgarradora lo sucedido en su poema El cólera morbo:

Cuando saliendo cenicienta nube
De la africana costa malhadada
A las montañas lentamente sube
Que cercan la ciudad del Guiniguada.
Cual fúnebre crespon se va estendiendo,
Y la mar y las cumbres envolviendo.
De los canes los lúgubres aullidos
Que muertos en la calle se encontraban,
De fatídicas aves los graznidos
Alguna plaga horrenda presagiaban.

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Archivado bajo Gran Canaria, por supuesto, Leer es lo que vale, Memoranda

Smith-Corona

Mi padre usaba -y aún tiene- una coqueta máquina de escribir portátil de su época de estudiante. Por algún lado la debe tener guardada. Yo llegué también a utilizarla tiempo atrás muchas veces. Recuerdo sus inevitables, aunque no tan frecuentes, atascos de dos teclas cuando por error las pulsabas a un tiempo y también su cinta de dos colores, negra y roja. En ella y en la academia de turno, aprendí las artes mecanográficas que de tanta utilidad me han servido luego.

Hoy escribo en este periodo vacacional con un ordenador portátil mirando a la piscina. He ganado indudablemente en comodidad, la corrección instantánea de erratas o la reformulación sobre la marcha de las a veces alborotadas ideas que deseo expresar. Todo ello sin gastar una sola hoja de papel. También, y esta es su mayor virtud, tengo ahora la posibilidad de publicar electrónica e inmediatamente a todo lo largo del globo para quien quiera leer y comentar estos escritos a través de mi Blog.

Sin embargo, el tecleo en la Smith-Corona, aquel encanto clandestino casi, la máquina mágica que mi padre comprara un día para dotarse de apuntes bien presentados para la carrera que comenzara hace ya más de medio siglo, no está aquí. No la noto en la punta de mis dedos.

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Añoranza de aquellas golosinas

En el curso de una conversación de hoy, recordé las añoradas golosinas de infancia y juventud. Aquellas que particularmente comíamos y bebíamos en el descanso del cine, cuando salía la amarillenta diapositiva que decía algo así como

Visite nuestro bar. Beba Clipper

Era entonces cuando salíamos raudos al puesto de la entrada, para llegar los primeros antes de que se produjera la correspondiente aglomeración de enanos y mayores deseosos de ser atendidos cuanto antes.

Las apetencias -fuera de que no existía la abrumadora variedad que nos dispersa y se nos dispensa hoy- tenían siempre sus clásicos. Si de refrescos se trataba,

ganaban Nik o Clipper por goleada, cuyos eructos resonaban luego por toda la sala comenzada la segunda parte de la proyección. Si de caramelos con palo, Chupa-chups, ni que decir tiene. En los frutos secos, ganaban las pipas y sobre todo el millo Churruca, duro pero sabroso como él solo. En las papas fritas, se repartían las apetencias entre La Canaria, Emicela o los famosos Munchitos. En helado triunfaba con mucha ventaja el inigualable corneto de Kalise.

Luego, si era sesión infantil de las tres de la tarde, a aplaudir cuando ganaban los buenos en el último momento y a pelearnos a la salida imitando las luchas de lo que habíamos visto y disfrutado en la pantalla.

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