Sobran políticos

Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
Vladimir Ilich Ulianov “Lenin” (que era parte del problema)

De la mano de la crisis en España van los recortes. El gobierno actual se está empleando a fondo (y lo que nos queda por ver y sufrir) en reducir el déficit público cargándolo sobre todo en la población en general y, dentro de esta, en los más débiles. Eliminan o reducen las ayudas sociales de las que se beneficia sobre quienes cuentan con escasos o ningún recurso, suben los impuestos generales al consumo -los que afectan directamente a la cesta de la compra de todos los días- y reducen los sueldos.

Sin embargo, la banca, los grandes capitales, los defraudadores al fisco, las multinacionales y grandes empresas asi como  la administración pública -y en particular la privilegiada clase política- siguen sin tocar.

Hablemos claro, sobran políticos:

– Los ayuntamientos representan con diferencia el mayor número de cargos. Si a concejales y alcaldes sumamos el sinfín de “asesores” que se contrata para que hagan las labores que les corresponden a aquellos, la cifra y el coste sube hasta el esperpento. En España hay 8000. Italia, en mejor situación que nosotros, liquidó de un día para otro 1500. Grecia, antes de la crisis, apenas superaba los 1000. Hoy cuenta con 355 en total. De los 8114 ayuntamientos españoles que existían a 1 de enero de 2010 -ahora hay más-, 4861 municipios tenían menos de 1000 habitantes según el último censo del INE en dicha fecha, donde cada municipio de menos de 1000 habitantes dispone de cinco concejales y un secretario de la corporación. La supresión de estos ayuntamientos supondría un enorme ahorro y afectaría a cerca de 30.000 cargos entre concejales y secretarios municipales, que ya no serían necesarios al ser fusionado su municipio por otro de mayor población.

– Las diputaciones, creadas como órgano de gobierno de la división territorial por provincias aparecida a mediados del siglo XIX, son un esperpento en regiones como Asturias, Murcia o La Rioja donde se solapan totalmente  con los correspondientes gobiernos autónomos.

– Con cuarenta millones de habitantes tenemos un Senado con 266 miembros. En Estados Unidos de América, con más de trescientos millones, sólo llegan al centenar. Al menos en aquel país es de utilidad, pero en el nuestro ¿para que sirve además de ser un sumidero de dinero público?. Encima, entre las lindezas últimas del gobierno anterior psocialista, se incluía el sobrecoste de la traducción simultánea en un país en que todos entienden y hablan al menos un idioma común. Ni que decir tiene que los políticos que hacen pingüe uso de él -que no el pueblo- se resisten a su desaparición.

– Las comunidades autónomas, concebidas inicialmente para dar satisfacción a las ansias autonomistas y contener las corrientes independentistas de vascos y catalanes, acabaron convertidas en “café para todos” a lo largo y ancho de España. Y además para crear un ejército paralelo de cargos electos en cada región: desde los parlamentos en cada una de ellas, a las consejerías, gobiernos, direcciones generales y un número incontable de entidades subsidiarias. Es lo que José Luis Rodríguez Zapatero -impulsor hasta las puertas de la independencia del régimen autonómico- definiera eufemísticamente como “la España plural”. En regiones como Canarias, en donde jamás fue pedida esta figura administrativa, quedaron impuestas sin hacer ningún referéndum consultivo regional, ni para el establecimiento de la propia autonomía ni para la elaboración y aprobación del correspondiente Estatuto. En algunos casos como el nuestro, sólo han servido para tener la más desproporcionada Ley Electoral regional existente en todo el Estado, lo que ha permitido que un partido pseudonacionalista e insularista siga ininterrumpidamente en el poder tras veinte años.

La enorme cantidad de dinero que se puede ahorrar para contener el déficit público debe pasar en primer lugar, por establecer la tasa Tobin a las transacciones financieras de bancos, a las bolsas y a las grandes empresas y multinacionales; reforzar los medios de la Hacienda estatal y local para perseguir el fraude (y no bonificando a los que han estafado durante años al erario público, como pretende hacer el gobierno ppopular); reducir el tamaño de la administración pública, aumentada hasta el infinito tras la llegada de la democracia y, sobre todo, disminuir a una mínima parte el número exorbitante de cargos públicos.

Una vez acometido todo lo anterior es cuando queda, si no quedara más remedio y como último de los recursos (no en primer lugar como está haciendo Rajoy y sus secuaces), recortar la imprescidible inversión en sanidad, educación, ayudas sociales, investigación+desarrollo+innovación y todo aquello que facilite a las PYMES crear el trabajo que tanto necesitamos.

Si todavía quieres saber más sobre cómo se despilfarra el dinero de todos en manos de quienes dicen que gobiernan para nuestro bien, léete esto y luego movilízate. Que si no nos dejan con lo puesto. O incluso sin nada.

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Archivado bajo El país miserable, Partidos políticos, Por el hilo se saca el ovillo

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