Practicar la verdadera Navidad

Evito cuidadosamente en estas fechas tomar parte de la vorágine consumista que a casi todos nos ha devorado. Hago esfuerzos cada vez con más éxito -lo que demuestra que cuando se quiere cambiar es posible hacerlo- para olvidar asuntos del trabajo y cualquier otra cosa que, en suma, no sea destacar la importancia de la Navidad, y me preocupo cada vez más de estar y compartir mi tiempo con quienes me rodean: hijos, familia, amigos, conocidos y vecinos.


Planteo ya mis deseos en términos de ideales, no de regalos, costumbre que adoptamos en mi familia desde hace años y que ha ido arraigándose desde entonces: no regalar nada en las Navidades, con la comprensible excepción de los juguetes a los niños.

Desde hace tiempo nos dimos cuenta en casa de que estábamos socialmente tan pervertidos (cabe emplear esta expresión) que actuábamos como autómatas, haciendo lo que casi todos hacen y creyendo que lo único que valía y por dónde se medía el cariño en estas fechas era por la cantidad y precio de regalos que ni siquiera habíamos elaborado nosotros (que eso sería otra cosa), sino que simplemente retirábamos de la estantería de un comercio, pagábamos y depositábamos en las manos de otro.

Pero eso ya acabó y todo es mejor. No hay prisas, no hay carreras ni agobios en términos monetarios o de tiempo para buscar algo innecesario que corremos a regalar a quienes en muchos casos nada han pedido, creyendo que así hacemos lo mejor para ellos. Ahora, créanme, somos más felices.

Los regalos son ahora deseos: tener salud, felicidad, que nuestro municipio deje de estar a la cola de los de Canarias, que vuelva a hacerse una cumbre -pero esta vez con éxito- que aborde soluciones mundiales para resolver el acuciante cambio climático, que todos dejemos por un momento de pensar en nosotros mismos y empecemos a pensar en los demás, pero no a base de sepultarlos con regalos sino ayudándolos, y tantas otras esperanzas.

A nuestro alrededor vemos en estas fechas que, con crisis (¿crisis?, ¿que crisis?) o sin ella, los centros comerciales se llenan a rebosar de clientela ávidos de comprar de todo, los aparcamientos adyacentes están atiborrados de vehículos, muchos de ellos nuevos y de marcas de importación, y las colas de las cajas no dan avío.

Si a eso sumamos la espantosa y creciente costumbre de regalar en la propia Nochebuena o en la mañana del Día de Navidad con la excusa del invasor “Papá Nöel” o “Santa Claus”, el nuevo becerro de oro al que adoramos de forma creciente desde hace algunos años, además de repetir el asunto en Reyes, nuestro sometimiento a la vileza del consumismo más descarado es completa.

La contaminación creciente, el cambio climático y, en suma, la materialización de nuestra forma de ser la auspiciamos nosotros mismos cuando adquirimos lo que es completamente superfluo y no necesitamos, poniéndonos así en manos de quienes controlan el mundo a través del capitalismo salvaje, la destrucción de los recursos naturales, las multinacionales que todo lo pisotean y los gobernantes que sólo nos ven como ganado al que apesebrar y a quienes decirnos cuánto tenemos que tener y gastar para ser felices.

Recordemos por una vez la verdadera Navidad y olvidémonos de los bienes mundanos. Seamos felices simplemente con nuestra familia, amigos o conocidos y ayudando a quienes verdaderamente lo necesitan. Olvidémonos de banquetes, excesos y regalos que, créanme, no son necesarios y rescatemos la Navidad que tanto disfrutamos y vivimos cuando éramos niños.

2 comentarios

Archivado bajo El país miserable, Espejo de virtudes

2 Respuestas a “Practicar la verdadera Navidad

  1. Mary Marsell-Farrell

    Hola! Me ha encantado todo lo que escribes aqui acerca del materialismo de la Navidad. Hemos encontrado varias maneras de celebrarla con mucho significado para todos sin gastar mucho dinero, cosas como yendonos al centro para distribuir comida entre los “sin techo,” y jugando juegos de mesa, y mas. Lo mas bonito para nosotros estos ultimos anios ha sido las presentaciones musicales que tienen lugar en unas de las iglesias. Preciosas. Espero que sigas escribiendo mas – me encanta tu blog.

  2. sigosinsabernada

    Tus razonamientos han sido escuchados, pronto se hará realidad, espero estés atento, pues el mundo cambiará radicalmente en el instante de “la llegada”.

    Saludos.

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