“Un dios salvaje”, teatro que satisface.

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Intervención de los actores Pere Ponce, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón y Antonio Molero en el programa La Ventana de la Cadena SER – 20 de febrero de 2009 25:03 min.

undiossalvajeA la francesa Yazmina Reza, le conocía yo la obra Arte, según comentan la más representada de la historia teatral, al menos en su versión en español. Ya saben, más de 15 años de representación ininterrumpida y traducción a nada menos que 35 idiomas. La ví dentro de la programación del Cabildo grancanario en el pasado año. La verdad sea dicha, no me impresionó en absoluto, ni mucho menos llegué a entender las razones de tamaña fama.

Sin embargo, ahora y gracias a una reciente escapadita a Valencia de la que espero hablar en próximo post, pude ver lo último de esta autora. Y ahí, amigos, mi opinión cambia sustancialmente, tal vez porque en este caso Un dios salvaje (Le Dieu du Carnage) atendía más a mis particulares gustos, o tal vez porque yo estaba en un fin de semana especialmente grato.

La cosa fue tan sencilla como pasar casualmente por delante del Teatro Olympia, mirar por mirar, pararme y decir: ¡Anda, pero si es la nueva de Yasmina Reza…!” y claro, con un elenco actoral tan privilegiado (Pere Ponce, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón y Antonio Molero) pues no queda más remedio que arrimarse uno a la taquilla, preguntar si aún queda algo (supongo que gracias a la crisis quedaba) y arrancar con mis dos ansiadas entradas (ni que decir tiene que yendo acompañado la cosa se saborea mejor) sintiendo que he pillado chollo, aun cuando sólo sea un simple triunfo del capricho.

Ya dentro, el Olympia agrada si tienes gustos clásicos. Es como el Pérez Galdós de antes de la reforma y ampliación, pero más chiquitín y más mediterráneo, si cabe describirlo así.

La obra promete ya desde el comienzo. Micro-resumo la sinopsis: dos parejas (Aitana-Antonio y Maribel-Pere) quedan en casa de los primeros para hablar de la agresión efectuada por el hijo de los segundos con un palo al hijo de los primeros, gracias a lo que se ha quedado sin dientes. Y claro, esto no se puede dejar así, no vamos a comportarnos como animales denunciando y poniendo el grito en el cielo, porque es mucho más positivo sentarse a hablarlo como personas civilizadas, porque eso es lo que somos ¿no?, y bla, bla, bla…

Partiendo de una sana intención inicial para reconducir una situación potencialmente conflictiva, la obra va derivando hacia una crispación creciente, no necesariamente entre una pareja y otra, donde -como por otra parte no le sorprenderá al espectador avezado- salen a relucir las neuras, tensiones, pasiones y demás mimbres de los que estamos hechos la mayoría de los mortales. Aunque dá la sensación creciente de que todo va a acabar como el rosario de la aurora,  la historia no pierde nunca el razonable hilo con el que, a mi entender, la autora quiere mantener siempre vinculado al espectador buscando que no deje de identificarse (si estás casado y tienes hijo/s, ayuda también a involucrarse) con lo que está viendo.

Por esto, me queda el deseo que nuestro Teatro Cuyás programe la obra para su próxima temporada, ya que seguro será un placer para los grancanarios sendientos del mejor teatro y además cuando viene acompañada de creíbles actores lo que, habiendo lo que hay, es más de lo que se puede desear en los más de los casos.

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